PUTINISMO:

Ni reaccionario ni revolucionario. Populismo y Nostalgia soviética

Mucho se habla hoy de la naturaleza del régimen ruso. Desde Comunistas nostálgicos de la URSS que ven en la resurrección de su amada Rusia, otra vez alzada contra el Imperialismo estadounidense. Por otro lado, desde la socialdemocracia occidental y la “nueva izquierda”, tanto con el “ninismo” ante la actual crisis internacional como con defensores de la nueva cruzada otanista. Ven en Putin como nuevo Stalin, foco de la nueva derecha que prospera en occidente. Ambos bandos cegados por su fanatismo ideológico y cruzadas personales. Erran al calificar, sentenciar o endiosar un sistema que desconocen.

Comencemos por el principio. La Rusia postsoviética en los años 90 hacia aguas por todos lados. En ruina económica, un estado ausente que es sustituido por el crimen organizado. Y por si no fuera poco es envuelto en un conflicto civil con los yihadistas chechenos.

En las elecciones de diciembre de 1999 fue elegido un candidato independiente: Vladímir Vladímirovich Putin. Un antiguo agente del KGB que había sido asesor del Alcalde comunista de Kaliningrado. Al carecer de partido político no poseía representación en la cámara y fue el Partido comunista quien le cede sus diputados para poder gobernar.

Durante dos legislaturas reconstruyó el Estado ruso, persiguió a las mafias y sometió a los Oligarcas. Encarcelando y expropiando a muchos de ellos. Devolviendo a las elites rusas a su posición de grandes burócratas. Acabó con la Guerra Chechena y mantuvo a EEUU a raya.

Su política económica se basó en la reforma del capitalismo ruso. Recuperando la economía con las expropiaciones, que le permitió reinstaurar los servicios públicos y los derechos laborales reinstaurando el estatuto de los trabajadores soviético.

Putin organizó un partido político “atrápalo todo” de corte Peronista; Rusia Unida. Un Partido que abarca todas las corrientes ideológicas del país excepto el liberalismo. Desde la derecha conservadora a la izquierda nostálgica de la URSS. Un ala derecha con reivindicaciones del pasado zarista, cuyas figuras más representantes son el exprimer ministro Dmitri Medvédev y la diputada y exfiscal de Crimea Natalia Poklonskaya. Y una izquierda escindida del Partido comunista que ensalza la URSS y a Stalin. La diputada y excosmonauta Valentina Tereshkova es su figura más visible.

Es todavía en su presidencia cuando se produce el primer enfrentamiento con EEUU. La República Ucraniana apoya la reunificación. Y tras la ruptura de esta del proceso de entrada en la UE. Occidente organiza el Maidan. Un Golpe de estado que es el escopetazo de salida para la Guerra civil ucraniana que dura hasta el presente.

Ante la amenaza del Fascismo ucraniano se producen nuevas elecciones. Putin regresa presentándose como el líder antifascista que necesita el país para esta nueva guerra fría. Obteniendo una arrolladora victoria.

Nada más retornar al Kremlin realiza un giro a la izquierda, recupera la alianza con sus socios comunistas y socialista, estrechas relaciones con China. Acentúa la estatalización de la economía, exporta de Pekín figuras como el empresariado nacional. Comienza una desamortización masiva del campo ruso, entregando a parados por hectáreas, además de subsidios para desarrollarlas.

En este contexto de izquierdismo generalizado en la sociedad rusa, con el mayor nivel de nostalgia soviética, alcanzando un 80% de la población. Y máxima actividad del ala izquierda. Con comentarios del Presidente en Sputnik (Televisión Pública cercana al Putinismo de izquierdas) de carácter nostálgico, mostrando su carnet el PCUS, “Muchos los rompieron o los quemaron tras la caída, yo lo conservo” “Me gustan las ideas socialistas y comunistas…” o la muestra de imágenes de su residencia ondeando la bandera soviética.

Se produce el Centenario de la Revolución, y durante el desfile militar ocurre, siendo la primera vez desde 1991, que vuelve a sonar la Internacional. Gesto que provoca la indignación del ala derecha del Partido. Poklonskaya tacha a Lenin de asesino en el Pravda. La airada contestación de Tereshkova provoca una crispación que el Presidente intenta arbitrar. Los derechistas amenazaron con la ruptura de Rusia Unida. Amenaza ante la que el Presidente se pliega.

Tras esto se atempera el “izquierdismo”, sobre todo tras los comentarios Presidente en su programa Rassia 1(la televisión pública) en la que responde preguntas de los ciudadanos. Ante la pregunta de si Rusia caminaba a reinstaurar el Socialismo.  Putin respondió negándolo: “Pienso que es imposible. Al menos en el sentido que usted lo está planteando. Si en el desarrollo de un estado de bienestar que llevamos años desarrollando”.

Siendo el Presidente Putin el mediador y figura de consenso entre las diferentes facciones. Se posiciona como estructurador del país y heredero del PCUS.

Fuera de este partido encontramos distintas fuerzas, la que más repercusión tiene en occidente es la insignificante oposición liberal respaldada por los medios occidentales. Está se ve manchada por sus desastrosos gobiernos de los años 90 con Boris Yeltsin a la cabeza y por sus vínculos con el crimen organizado. Con resultados electorales irrisorios llevan 2 décadas fuera del parlamento.

Por otro lado, los partidos exmiembros del PCUS que no quisieron integrarse en el movimiento de Putin.

El Partido Comunista de la Federación Rusa como segunda fuerza política y el Socialdemócrata Rusia Justa, fundado por Gorbachov. Partidos, que salvó por la ruptura que provocó el vuelco conservador que dio el Presidente Medvédev, han colaborado con Rusia Unida en una alianza de Partidos denominado Frente Popular. Unidos frente al crecimiento de la Extrema derecha del monárquico partido liberal-demócrata. Este se presenta como heredero de la antigua Rusia Blanca.

Como vemos, el poder en Rusia se lo siguen disputando las mismas fuerzas políticas que en tiempos soviéticos. Con la diferencia que las antiguas facciones del Partido ahora son organizaciones independientes que se siguen juntando para dirigir el país como antaño.

Vestrynge califico el Putinismo de “Bolchobonapartismo”. Es decir, un Populismo al modo latinoamericano pero envuelto en la bandera de la nostalgia soviética. En la misma línea el filósofo Duguin habla de las dos almas de Putin; azul y roja. Conservadora y comunista.

Tras dos legislaturas Putin se retira y es su lugar se presenta Medvédev. Tras una ajustada victoria rompe con sus socios socialista y comunista, produciéndose un giro conservador al gobierno. También durante su presidencia se implementan varios proyectos del anterior gobierno. Y que Putin como presidente del Partido está promoviendo. Que no es otro que la reunificación del espacio exsoviético en un estado sucesor de la URSS.


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El retraso de la edad de jubilación, producido por la cercanía de la generación del “Baby boom” soviético a la edad de retirarse, hasta estándares occidentales provocó una oleada de protestas encabezadas por el Partido comunista. Volviendo a romperse la alianza gubernamental. Enfrentamiento que cristalizó en las elecciones parlamentarias de 2021. Arrebatando a Rusia Unida la mayoría absoluta.

Tras esto Putin vuelve a dar otro giro izquierdista ante el temor que el Partido comunista le siga robando votos por la izquierda. Para ello destituye a Medvédev y manda a Poklonskaya a un “exilio dorado” como embajadora en Costa de Marfil.

Y tras esto nos vemos ante el actual conflicto internacional con la pretensión occidental de introducir a Ucrania en la OTAN.

En conclusión ¿Es Putin un dictador o un nuevo Lenin? Ninguna de las dos. Putin es un estadista. Un líder político que tantea entra las distintitas sensibilidades de la política rusa. Y con la perspectiva del cínico descreído bascula entre la derecha estatista y conservadora a una izquierda que no pasa de socialdemócrata radical pero que se envuelve en banderas rojas con hoces y martillos. Basculación que depende únicamente de encuestas, intereses personales del Presidente y del Estado ruso. En pro de la grandeza de Rusia y su pueblo. Para ello alzara la bandera soviética o la tricolor indistintamente.

¿Qué postura debemos seguir los comunistas ante el gobierno ruso, y especialmente ahora que la OTAN se lanza a la ofensiva hacia el reabierto frente oriental?

Seguir la línea que ha seguido el movimiento Limonovista. Es decir, y en nuestro caso, apoyar posiciones revolucionarias en el interior de Rusia, ya sea que estas pacten con el gobierno por la defensa nacional contra occidente o se lancen a la toma del poder. Pero al mismo tiempo un respaldo a la política exterior rusa. Qué es la que mantiene otros estados populistas de economía socialdemócrata como es Venezuela o Argentina, o directamente socialistas con Cuba o las República populares del Donbass. Los cuales sin el respaldo del Ejército rojo hace mucho que hubieran sido invadidos por los EEUU y sus aliados.

Como decía Manuel Monereo “Hoy, como ayer Rusia no es la vanguardia de la Revolución, ni mucho menos. Pero es la retaguardia, y sin ella estamos perdidos”.

“Yo he sido profundamente prosoviético, y hoy, por los mismos motivos y de la misma manera soy Prorruso”

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