68-1. La red transparente: sobre la solidaridad que no responde

LA UNIÓN DEL PUEBLO
EDICIÓN DIGITAL — NÚMERO 68

La red transparente: sobre la solidaridad que no responde

Por Félix Diez, director de la UNIÓN del PUEBLO
La red transparente: sobre la solidaridad que no responde

Desde La UNIÓN del PUEBLO siempre hemos entendido que la difusión del trabajo ajeno no es una moneda de cambio, sino un ejercicio sincero de coherencia. Si un medio, una publicación o un colectivo elabora análisis de interés, nos parece natural darle altavoz en nuestras redes, compartir sus hojas y debates, y contribuir a que su mensaje llegue más lejos. Lo hacemos convencidos de que la fraternidad entre espacios afines se demuestra con hechos cotidianos y no con pose.

Sin embargo, resulta revelador observar qué ocurre cuando se intenta tender un puente en sentido inverso. No hablamos de exigir favores ni de reclamar aplausos desmedidos, sino del elemental gesto de la correspondencia. Una simple nota, un acuse de recibo, una respuesta formal —aunque sea para declinar una propuesta o disculparse por falta de tiempo— forma parte del código de conducta mínimo de cualquiera que pretenda proyectar seriedad y rigor político o cultural.

Vivimos en un ecosistema mediático y cultural donde la teoría siempre suena impecable. Abundan las proclamas sobre la necesidad de «crear red», el «apoyo mutuo», la «convergencia» y la solidaridad entre proyectos independientes. Son palabras nobles que rellenan manifiestos, editoriales y discursos con notable elocuencia.

El problema surge cuando se pasa de las palabras a la gestión del correo electrónico.

Cuando a una mano tendida con respeto se le responde con el silencio sepulcral de la indiferencia, la supuesta «vocación comunitaria» de algunos se revela como lo que realmente es: un escaparate. Un ejercicio de unidireccionalidad donde la solidaridad solo gusta cuando se recibe, jamás cuando exige el pequeño esfuerzo de mirar hacia afuera y responder a los iguales.

Nosotros seguiremos a lo nuestro: escribiendo, publicando y construyendo desde abajo con la cabeza alta. Pero conviene no olvidar que la seriedad de un proyecto no se mide por la grandilocuencia de sus discursos, sino por la educación y la coherencia con la que trata a quienes, de buena fe, le apoyan desde las trincheras del trabajo callado.

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