Breve análisis sobre el Manifiesto Comunista

No hace falta ir demasiado lejos ni profundizar en exceso en los textos clásicos para comprobar cómo ahora, exactamente igual que entonces, se estigmatiza al comunismo. Ya lo advertían Marx y Engels en 1848:
«¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes más avanzados de la oposición como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto injurioso de comunista?»
I. BURGUESES Y PROLETARIOS
El último párrafo de este primer capítulo sintetiza con absoluta claridad la tesis central sobre el desarrollo capitalista y su inevitable contradicción:
«La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. El trabajo asalariado presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entre sí. Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización. Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre las que produce y se apropia de lo producido. Y a la par que avanza, cava su propia fosa y cría a sus propios enterradores. Su muerte y el triunfo del proletariado son igualmente inevitables.»
Asimismo, resulta revelador el pasaje dedicado al lumpenproletariado, reflejo de cómo las capas desposeídas pueden ser instrumentalizadas por el poder:
«El proletariado andrajoso, esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios.»
II. PROLETARIOS Y COMUNISTAS
En estas páginas se plasman los fines estratégicos de los comunistas. No constituyen un sector ajeno al conjunto de la clase trabajadora, pero sí aportan una perspectiva clara de conjunto:
«Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario.
A continuación habla de los demás partidos proletarios, de los que dicen que ellos, los comunistas, no son diferentes
Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad; y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto.
Después habla de los objetivos
El objetivo inmediato de los comunistas es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios: formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía y llevar al proletariado a la conquista del poder.»
La cuestión de la propiedad privada
El texto aborda de forma impecable el mito recurrente de que el comunismo pretende despojar al trabajador de sus bienes personales:
«Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia.
¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano! ¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa? No, ésa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas. ¿O queréis referiros a la moderna propiedad privada de la burguesía?
Os aterráis de que queramos abolir la propiedad privada, ¡como si ya en el seno de vuestra sociedad actual la propiedad privada no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población, como si no existiese precisamente a costa de no existir para esas nueve décimas partes!»
La liberación de la mujer
Con enorme lucidez para su época, el Manifiesto desmonta la moral burguesa e identifica la opresión patriarcal dentro de la estructura de propiedad:
«El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer. No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.»
Decálogo de medidas programáticas
A continuación, Marx y Engels proponen un programa de medidas de aplicación general para la transformación económica:
Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.
Fuerte impuesto progresivo.
Abolición del derecho de herencia.
Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y rebeldes.
Centralización del crédito en manos del Estado mediante un banco nacional con capital estatal y monopolio exclusivo.
Nacionalización de los transportes.
Multiplicación de las empresas nacionales y de los instrumentos de producción; roturación y mejora de las tierras según un plan colectivo.
Obligación de trabajar para todos; organización de ejércitos industriales, especialmente para la agricultura.
Combinación de la agricultura y la industria; medidas para graduar la desaparición de las diferencias entre el campo y la ciudad.
Educación pública y gratuita para todos los niños. Abolición del trabajo infantil en las fábricas en su forma actual. Combinación de la educación con la producción material.
III. LITERATURA SOCIALISTA Y COMUNISTA
En el tercer capítulo se analiza críticamente las distintas corrientes que se etiquetaban como «socialistas» en la época, un ejercicio plenamente trasladable a la actualidad.
Al criticar el socialismo reaccionario o pequeñoburgués, se anticipa en gran medida la lógica de la socialdemocracia moderna:
«Este socialismo no tiene más aspiración que restaurar los antiguos medios de producción y de cambio, y con ellos el régimen tradicional de propiedad y la sociedad tradicional… En uno y otro caso peca, a la par, de reaccionario y de utópico.»
Respecto al socialismo burgués o conservador, el análisis retrata a la burguesía que pretende mitigar los males sociales para consolidar la sociedad burguesa:
«Los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren la sociedad actual sin los elementos que la revolucionan y la descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado.»
Por último, sobre el socialismo y comunismo crítico-utópico, se valora su aportación crítica al tiempo que se señala su limitación al eludir la lucha de clases directa:
«Estas obras socialistas contienen un elemento crítico precioso: atacan todas las bases de la sociedad existente y han contribuido notablemente a ilustrar la conciencia de la clase trabajadora. Sin embargo, sus doctrinas sobre la sociedad futura giran en torno a la desaparición del antagonismo de clase, por lo que sus propuestas conservan un carácter puramente utópico.»
La lectura de este apartado nos conecta con lo que hoy podríamos definir como un marxismo ortodoxo cargado de dogmas e iconos, que olvida la verdadera esencia de la lucha de clases y la revolución. Pese a ello, sigue siendo una herramienta fundamental para despertar la conciencia crítica.
IV. ACTITUD DE LOS COMUNISTAS ANTE LOS OTROS PARTIDOS DE LA OPOSICIÓN
Este capítulo final sintetiza las líneas maestras de actuación política, fijando el compromiso inquebrantable de los comunistas con la transformación radical de la sociedad:
«Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante. En todos estos movimientos ponen de relieve la cuestión de la propiedad como la cuestión fundamental.
Los comunistas no tienen por qué ocultar sus ideas e intenciones. Declaran abiertamente que sus objetivos solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que tiemblen las clases gobernantes ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen en ella nada que perder, salvo sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.
¡Proletarios de todos los países, uníos!»