CULTURA 14 de Agosto de 2026

SER DE IZQUIERDAS, HOMOSEXUAL Y SENSIBLE: LO QUE NOS QUIEREN QUITAR

Lorca, un símbolo de libertad que no ha muerto ni morirá mientras perdure su obra
Por Xilef Zeid
Federico García Lorca en 1914
Lorca joven en 1914. Fuente: Wikipedia

Es muy posible que todavía no seamos del todo conscientes de la magnitud real de Federico García Lorca. Su vida fue segada por la acción criminal del fascismo justo cuando alcanzaba una madurez artística plena, pero su legado permanece intacto. Reducir a Federico a un par de clichés o a un lema de pancarta es un error: Lorca no era un mito estático, sino una fuerza inagotable, incómoda y profundamente humana.

Existe una faceta apasionante e ignorada por muchos: su amor por la tauromaquia y su profunda amistad con el torero e intelectual Ignacio Sánchez Mejías, a quien inmortalizó en aquella elegía inolvidable que resonará siempre en la memoria colectiva: «Eran las cinco de la tarde. ¡Las cinco en todos los relojes!».

EL DOLOR DE LA CARNE Y EL GRITO DE LA URBE

Resulta imposible comprender a Lorca sin adentrarse en Poeta en Nueva York. En su poema «Oficina y denuncia», los alaridos del matadero no son una simple estampa rural, sino una sobrecogedora metáfora del dolor aplastado por la fría estadística y el mercantilismo de la gran metrópoli:

«Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato;
debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero;
debajo de las sumas, un río de sangre tierna…
Los caños traen la sangre de los establos…
mientras los vacunos mugen en los mataderos y las agonías se convierten en números.»

Es el retrato brutal de una sociedad que sacrifica la vida en el altar del dinero.

LA TRILOGÍA DRAMÁTICA: EL ACERO, LA SEQUEDAD Y LA REPRESIÓN

Esa misma fuerza trágica vertebra su gran trilogía teatral. En Bodas de Sangre, la simple mención de una navaja desata el presagio del destino: el lamento desgarrador de la Madre maliciando del acero que corta la vida del hombre que sale a sus viñas «con su flor en la boca».

En Yerma, el drama se desplaza a la frustración de la maternidad imposible dentro de una sociedad rural asfixiante. Inolvidable resulta aquel montaje histórico de 1971 dirigido por Víctor García e interpretado por Núria Espert y Daniel Dicenta, donde los actores se desgarraban sobre una inmensa lona elástica que convertía la represión en algo físico y sensorial.

Y en La casa de Bernarda Alba, la tragedia alcanza su cúspide. Bernarda representa la sequedad de alma, el autoritarismo y la hipocresía social, imponiendo un luto de ocho años y enmudeciendo a todos bajo el mazo de su «¡Silencio!». En el extremo opuesto, su hija menor, Adela, encarna la rebeldía incombustible de la juventud y la libertad de la carne, mientras La Poncia la criada actúa como la voz terrenal, sabia y humana que advierte en vano del desastre.

EL LORCA TOTAL Y LA PERSONA INCÓMODA

Causa una honda pena que la figura de Federico opaque en ocasiones el resto de su producción: la mordacidad de La zapatera prodigiosa, la melancolía del tiempo en Doña Rosita la soltera, el canto a la libertad de Mariana Pineda o la belleza luminosa del Romancero Gitano.

Se olvida también al Lorca músico, virtuoso del piano que colaboró con Manuel de Falla y rescató el folclore popular; al dibujante de trazo moderno y melancólico; o al impulsor de La Barraca, llevando el teatro en camiones por los pueblos olvidados de la España rural.

Federico incomodaba a los espíritus dogmáticos. Era un hombre libre que trabó afectos por encima de las trincheras ideológicas, como su estrecha amistad con los hermanos Rosales, falangistas en cuya casa buscó refugio y quienes intentaron desesperadamente salvarle la vida sin éxito frente a la maquinaria de odio local. Federico era incómodo por su genialidad, por su defensa de los marginados, por su homosexualidad vivida con desgarradora belleza y por su rotunda negativa a dejarse encasillar.

De joven escribí un romance en el que uno de sus versos decía:
«Federico García Lorca, ya no llames a la Guardia Civil.»

Un aviso amargo y premonitorio. Federico ya no necesita llamar a nadie, porque su voz sigue viva, recordándonos que la sensibilidad, el arte y la libertad son valores sagrados que jamás debemos dejar que nos arrebaten.

Luis Rosales (1910-1992): Poeta y Premio Cervantes. Amigo de Lorca, en cuya casa familiar se refugió el poeta Federico García días antes de su detención en agosto de 1936.

Memoria: Lorca fue asesinado en la madrugada del 18 de agosto de 1936, a un mes de haber comenzado la Guerra Civil española. Ocurrió en el barranco de Víznar, en la carretera que une Víznar con Alfacar (Granada), a manos de fuerzas sublevadas afectas al bando franquista.

UNA REFLEXIÓN PARA EL CAMINO

«La política y la prensa con alma deben apelar a la fibra sensible que todos llevamos dentro. Espero que, poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, La UNIÓN del PUEBLO llegue a ser una revista de referencia entre la progresía y la izquierda y, ¿por qué no?, también entre aquellos conservadores que aún tienen un poco de sentimiento, humanidad y empatía.»

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